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El rol del economista frente a los desafíos del desarrollo territorial

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Autores

Candellero, Darío Luis

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Universidad Siglo 21

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Descripción

A pocos días de haberse conmemorado, el 21 de septiembre, el Día del Economista en Argentina, la fecha invita a volver a pensar el lugar que ocupa la profesión frente a los desafíos actuales del desarrollo. La economía suele asociarse al análisis de indicadores, precios, inflación, empleo, comercio exterior o inversión. Sin embargo, el trabajo del economista también implica construir diagnósticos, interpretar escenarios, reconocer oportunidades y aportar herramientas para la toma de decisiones públicas y privadas. Desde esa perspectiva, una línea de trabajo desarrollada junto con José Poncio, co-director del proyecto, aborda la gobernanza anticipatoria, la prospectiva territorial y la inserción internacional de los gobiernos subnacionales, en el marco del proyecto de investigación “Gobernanza anticipatoria subnacional para la captura de oportunidades de nearshoring: paradiplomacia, confiabilidad territorial y escenarios prospectivos en América Latina”. El eje central de la investigación parte de una pregunta concreta: ¿cómo pueden prepararse las provincias, regiones y ciudades para aprovechar oportunidades productivas e internacionales en contextos de incertidumbre? La discusión cobra especial relevancia frente a procesos como el nearshoring, la reconfiguración de las cadenas globales de valor, la transición energética, la búsqueda de nuevos proveedores, la internacionalización de empresas y la necesidad de fortalecer capacidades territoriales. Estas oportunidades no llegan de manera automática ni se distribuyen de forma homogénea. Para transformarlas en desarrollo, los territorios necesitan algo más que recursos naturales, una ubicación estratégica o potencial productivo: requieren información pública, coordinación institucional, articulación público-privada, capacidades logísticas y construcción de confianza. Confiabilidad territorial y capacidad de anticipación Uno de los conceptos que aborda esta línea de investigación es el de confiabilidad territorial verificable, entendido como la capacidad de un territorio para mostrar evidencia pública, fechada y contrastable sobre sus condiciones para producir, invertir, exportar, atraer proyectos o vincularse con actores externos. No se trata solo de afirmar que una provincia o región tiene potencial, sino de poder demostrarlo mediante información clara, accesible y útil para quienes deben tomar decisiones. Este enfoque permite ampliar la mirada tradicional sobre la competitividad. Un territorio no compite únicamente por costos, incentivos o infraestructura física. También lo hace por su capacidad para organizar información, responder a tiempo, reducir incertidumbre y generar vínculos confiables entre el Estado, las empresas, las universidades y otros actores sociales. Allí aparece una dimensión relevante del trabajo profesional del economista: traducir problemas complejos en herramientas concretas para la gestión. La prospectiva aporta, en ese sentido, una mirada clave. No busca predecir el futuro, sino contribuir a la preparación frente a distintos escenarios posibles. En contextos en los que cambian las reglas del comercio, la tecnología, las inversiones y las demandas sociales, anticipar se vuelve una capacidad estratégica. Para los gobiernos subnacionales, esto implica identificar tendencias, reconocer señales tempranas, construir escenarios y definir hojas de ruta que permitan tomar mejores decisiones. Pensar el desarrollo desde esta perspectiva también invita a recuperar el valor del territorio. Las oportunidades globales siempre se materializan en lugares concretos: una ciudad, una provincia, una región, un entramado productivo o una red de instituciones. Por eso, el análisis económico no puede quedar desconectado de las capacidades locales, la logística, la educación, la infraestructura, los actores productivos y las condiciones sociales que hacen posible, o limitan, un proceso de desarrollo. En este escenario, la tarea del economista se vuelve profundamente interdisciplinaria. Requiere dialogar con la administración, la ciencia política, el comercio internacional, la logística, la tecnología, la sociología, la educación y la planificación pública. El economista no solo calcula o proyecta: también interpreta, articula, compara alternativas y contribuye al diseño de estrategias posibles. En tiempos de incertidumbre, la economía enfrenta el desafío de no quedarse únicamente en la explicación de los problemas, sino también de aportar a la construcción de capacidades. Esa es una de las dimensiones más relevantes de la profesión: contribuir a que las instituciones, las empresas y los territorios puedan leer mejor su contexto, anticipar oportunidades y tomar decisiones con mayor fundamento. A pocos días del Día del Economista, la fecha ofrece una oportunidad para reconocer esa dimensión del trabajo profesional. Una economía puesta al servicio del desarrollo no se limita a observar lo que ocurre, sino que busca aportar herramientas para transformar la realidad. En esa tarea, la mirada territorial, la planificación prospectiva y la construcción de confianza institucional aparecen como dimensiones cada vez más necesarias.

Palabras clave

Desarrollo territorial, Gobernanza anticipatoria, Nearshoring

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